Después de morder a la presa, esperan el tiempo necesario para que actúe el veneno que inmoviliza y mata a la captura. Pasados unos minutos, se acercan y la engullen entera, empezando por la cabeza.
Dependiendo de la especie, su tamaño varía considerablemente desde el medio metro a casi dos metros de longitud. Como sus parientes terrestres, respiran aire por lo que tienen que subir a la superficie cada cierto tiempo. Aunque se las ha llegado a ver a 40 metros de profundidad, normalmente están entre los 3 y 10 metros. Tienen muy pocos predadores dado la potencialidad de su veneno, y sólo algunos tiburones, como el tigre, o las águilas de mar no se asustan por su presencia.
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